JOKIN FERNÁNDEZ

Sus raíces se nutren del que se para a observar la tierra, del testigo mudo que cuando habla te hace el día un poquito mejor. No es sencillo capturar por una mirilla el olor, el ruido de una casa. Pero él lo logra como si la hubiese habitado durante años. Juega con las luces y sombras como el malabarista que no teme a los desequilibrios, como el niño que una vez fue. Retrata lo humano y lo trascendente, el arte y las vibraciones, la caricia y los años. Si cada mirada ve un mundo, el de sus ojos es un planeta que nunca hubiera dejado solo a Plutón. Y qué bonito todo el universo que a su alrededor gravita.

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